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Solidaridad vecinal contra el coronavirus en la España vaciada


"Tengo gallinas, y las docenas de huevos que me sobran las doy".


En la España interior, vaciada por la emigración, las redes vecinales se han activado rápidamente para ayudar a los ancianos, los más vulnerables y aislados ante el coronavirus.


Por el momento, regiones como Castilla o Aragón son las menos castigadas de una España que es el cuarto país del mundo con más casos de Covid-19.


Sin embargo, en pleno confinamiento para contener la epidemia, estas provincias enfrentan un desafío singular: atender a una población envejecida y dispersa en uno de los territorios con menos densidad de población de Europa.


Sergio Caminero (30 años) es uno de esos jóvenes que se han ofrecido para hacer y llevar la compra a sus vecinos.


Vive en Lovingos, una localidad castellana de unos 50 habitantes.


El martes le hizo la compra a una vecina pensionista. "Es mayor y lo está viviendo con bastante miedo y tensión", dice a AFP.


En su zona se cultivan patatas, un vecino suyo comparte la leche de sus cabras, y él mismo, los huevos de las gallinas que tiene en su patio.


"Las docenas que me sobran las doy. Ahora las gallinas están en plena producción; igual coges una o dos docenas diarias", cuenta Sergio, confiado en que "si las cosas van a peor, en los pueblos al menos tendremos autoconsumo".


En la ciudad aragonesa de Teruel, la federación de vecinos y el ayuntamiento han lanzado la iniciativa "Aislados pero no solos".


Una de las beneficiarias es María García, una mujer de 56 años aquejada de una incapacidad permanente por un accidente laboral.


Vive con su padre de 88 años, convaleciente de un ictus, su madre de 86 y su perro.


El miércoles, un voluntario, equipado de mascarilla y guantes, les trajo comida a casa.


"He llamado para preguntar, y en una hora estaba el chico aquí", cuenta María, que seguirá recurriendo a esta red solidaria "siempre que lo necesitemos, y mientras estemos así".


"Nos conocemos todos"

El aislamiento puede ser agobiante en zonas como las Tierras Altas de Soria, una comarca montañosa de Castilla vaciada por sucesivas olas migratorias desde de los años 1950.


"Cubrimos 16 municipios, una zona con una tremenda despoblación y una densidad de menos de 2 habitantes por km2.


En una situación como ésta el panorama se agrava porque los vecinos son gente muy mayor, sola, y en estos momentos aislada", explica a AFP la funcionaria Raquel Soria.


Cuenta que están llamando a las personas mayores de la zona para "saber cómo van", "darles ánimos" y ofrecerse para llevarles bienes de primera necesidad.


"Están agobiados, pero también concienciados de que es importante que se queden en casa", añade.


En estas áreas varios ayuntamientos han publicado el teléfono móvil del alcalde, y en muchos, los funcionarios locales llevan comida y medicamentos a los mayores."Al ser un pueblo pequeño, de unos 2.000 habitantes, estas cosas son más fáciles.


Nos conocemos todos", explica Belinda Peñalba, alcaldesa de San Leonardo de Yagüe, provincia de Soria.


No lejos de allí, en Ágreda (3.000 habitantes), los más curtidos echan mano de experiencia y buen humor, como Isidro Omeñaca, un hombre viudo de 81 años que de niño trabajó de labriego con su padre y a los 12 tuvo que abandonar la escuela.


Para mantenerse sube y baja escaleras, va a la compra en bicicleta, cocina y se sienta al sol a la puerta de casa.


En su memoria tiene los durísimos años de escasez de la posguerra civil española.



Comparativamente, la gente es ahora "más exigente, menos disciplinada y menos sacrificada", dice Isidro, presidente de la asociación local de mayores, que lo zanja todo con una sonrisa: "¡No me deprimo!".- Riesgo de saturación -En los días venideros, el temor es el riesgo de saturación en estas provincias con infraestructuras médicas limitadas.


"Aquí para 15.000 km2 hay oficialmente una UCI con seis camas", detalla Manuel Gimeno, portavoz del partido Teruel Existe.


"Como haya un pico relativamente elevado, y me refiero a pocos pacientes, te bloquea el sistema sanitario aquí en la provincia".


En Soria hay 12 camas de cuidados intensivos para 90.000 habitantes, y la inquietud es similar.


Tomás Cabezón, diputado conservador por esta provincia, insiste en la necesidad de que el gobierno garantice un buen suministro de material de protección, empezando por las mascarillas.


"Lo más importante es proteger a nuestros sanitarios", ante un virus que "está desbordando la sanidad donde hay más recursos", como la región de Madrid, la más golpeada, "y donde hay menos".


Fuente: AFP

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