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California prohibió la venta de autos que utilicen combustibles fósiles a partir de 2035

Ante la necesidad de reducir los gases que contribuyen al cambio climático, las tecnologías alternativas a la combustión interna han tomado un rol prominente de cara al futuro de la industria automovilística, que representa un porcentaje significativo de la contaminación ambiental

El creciente impacto del cambio climático se ha manifestado con fuerza en 2020 a través de distintas catástrofes naturales que han tenido lugar alrededor del mundo. Los incendios en California, los huracanes en el sur de Estados Unidos y las olas de calor en Siberia son ejemplos palpables.


Ante este escenario, líderes globales que recononcen al cambio climático como una amenaza que debe ser abordada cuanto antes han anunciado en los últimos días medidas concretas que buscan reducir sus emisiones de carbono y así mitigar las consecuencias negativas del fenómeno.


El último de ellos concierne al estado de California, que oficializó su voluntad de prohibir a partir del 2035 la venta de automóviles que utilicen combustibles fósiles; y de que la medida alcance a vehículos de mayor envergadura 10 años después.


Desde entonces, los automóviles que se vendan en el territorio -que por sí solo representa la quinta economía mundial- deberán contar con alguno de los dos motores alternativos que no generan emisiones de carbono: los eléctricos o aquellos motorizados por hidrógeno.


Los primeros son actualmente la alternativa más avanzada, segura y barata del mercado para responder a la necesidad de reducir las emisiones en el sector.


Los autos eléctricos no cuentan con motores de combustión interna, lo que implica que no tienen caños de escape que liberan gases al exterior. En su lugar tienen una batería eléctrica que se puede recargar en estaciones de servicio o en la casa de los usuarios. Tienen autonomía de cientos de kilómetros y tampoco generan el ruido típico de los motores que utlilizan combustibles fósiles.


Actualmente existen modelos híbridos que cuentan con un motor de combustión interna y otro eléctrico. Pero si bien la cantidad de emisiones que genera es sustancialmente menor, este no es cero, que al fin y al cabo es el objetivo de estas políticas.


Un día antes del anuncio de las autoridades californianas, uno de los principales fabricantes de autos eléctricos a nivel global, Tesla, anunció su objetivo de producir un modelo que cueste USD 25.000 dentro de unos tres años, en cumplimiento de un difícil objetivo a largo plazo de vender un vehículo barato para el mercado masivo.


Un Tesla en una estación de carga. Foto: REUTERS/Lucy Nicholson

“Las tres partes de un futuro de energía sostenible son la generación de energía sostenible, el almacenamiento y los vehículos eléctricos”, dijo Musk. “Así que tenemos la intención de jugar un papel importante en los tres”, dijo Musk en un evento llamado con el propósito de realizar el anuncio.


Pero para llegar allí, el mundo necesita producir 10 teravatios-hora de energía por año, dijo Musk. Eso es 100 veces más que el nivel de producción actual de Tesla.


“Las baterías de hoy no pueden escalar lo suficientemente rápido. Son demasiado pequeñas”, dijo Musk. Y agregó: “Para que los autos eléctricos continúen su crecimiento frente a sus contrapartes que funcionan con gasolina, deberán seguir siendo más baratos”.


Ahí es donde entra en juego el plan de Tesla de reducir a la mitad el costo de producir cada kilovatio-hora con celdas cilíndricas continuas, a diferencia de las que tienen pestañas. La nueva arquitectura de la batería puede resultar en cinco veces más energía, un aumento de rango del 16%, con seis veces la potencia de salida, dijo Musk, y agregó que la producción ya estaba comenzando en una planta piloto. Al mismo tiempo, se pueden reducir los costos.


El hidrógeno, en tanto, es una fuente de energía alternativa para los autos eléctricos, la mayoría de los cuales actualmente usan bateríos de ion-litio. Las celdas de hidrógeno generan electricidad a partir de la particula gasificada, lograda por la descomposición de agua o metano. Dentro de la celda, el gas se convierte en electricidad a través de una reacción química generada por el oxígeno presente en el aire.


Esta alternativa todavía enfrenta obstáculos que le impiden ser producida en masa. La producción de celdas de energía necesitan metales que no se consiguen de manera sencilla. Además, una iniciativa para utilizar esta tecnología de manera masiva requeriría crear infraestructura dedicada a la producción y distribución de oxígeno, algo que todavía no existe.


No obstante, lograr el objetivo tendría amplios beneficios climáticos en Estados Unidos, considerando que el país ha generado la mayor cantidad de emisiones desde 1750. Y actualmente aquellas producidas por los autos generan el 30 por ciento del total.


Fuente Infobae

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