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¿Cómo afrontar la pobreza de aprendizajes? Haciendo realidad la promesa de la educación en los niños


La historia de Maryam y Monde


Dos pequeñas de 6 años están a punto de comenzar la escuela primaria. Maryam, una curiosa niña de Sofía (Bulgaria), tendrá la suerte de asistir a una escuela de calidad con maestros competentes y motivados y aulas con recursos pedagógicos adecuados.


Monde, una niña que vive con su abuela en la parte más remota del distrito de Sikongo (Zambia), lamentablemente no tendrá la oportunidad de ir a un colegio con niveles mínimos de calidad.


En el transcurso de la escuela primaria, la maestra de Maryam utilizará prácticas eficaces de enseñanza. Le dará ejemplos para ilustrar cada concepto y espacio para practicar lo aprendido. Con comentarios amistosos y personalizados, la ayudará a entender cómo mejorar cada vez más. Tendrá muchos libros para elegir qué leer (cuentos de hadas, espías, astronautas, etc.), que alimentarán su mente creativa y la ayudarán a poner todo lo que aprende en clase en un contexto más amplio. Al terminar el segundo grado, podrá leer oraciones completas rápidamente y empezará a leer textos más largos.


En cambio, cuando acabe segundo grado, a Monde le costará leer palabras sueltas, y ni hablar de oraciones. Su maestra de primer grado no habla con fluidez silozi, el idioma que se usa para enseñar. Monde no recibe ayuda adicional o personalizada porque hay más de 60 alumnos en su clase. La escuela no tiene libros con cuentos. Además, Monde llega a casa cansada porque debe caminar dos horas desde la escuela y no tiene energía ni recibe ayuda de su familia para revisar su libro y hacer sus tareas. Ella vive con su abuela, quien no sabe leer ni escribir. Y en su hogar hablan un idioma diferente al que Monde usa en el colegio (sikwamashi). A la pequeña le resulta difícil aprender, y las clases en este idioma foráneo le parecen a veces confusas y sin sentido. Aunque sus maestros hacen todo lo posible por ayudarla, pronto comenzará a perder la motivación y se aburrirá de ir a la escuela. Al terminar la primaria, Maryam devorará novelas para adolescentes, mientras que Monde tendrá dificultades para leer incluso un cuento corto y simple.


La promesa de la educación


Eliminar la pobreza de aprendizajes, que se define como la proporción de niñas y niños que a los 10 años no pueden leer y comprender un texto simple, es tan crítico como eliminar la pobreza extrema, el retraso de crecimiento o el hambre. Las sociedades, los padres y los estudiantes lo saben, y tienen una fe extraordinaria en el poder de la educación para transformar vidas. Sin embargo, estos beneficios dependen de las habilidades reales que adquieren los estudiantes. Las familias invierten en educación y envían a sus hijos a la escuela, pero los años que pasan en el colegio no son relevantes si no se reflejan en aprendizajes, como le sucede a Monde.


El análisis del impacto de la educación en los ingresos futuros lo respalda, mostrando que la calidad de la educación es más importante que los años de escolaridad. Los adultos que terminan la escuela primaria y no aprenden lo suficiente ganan solo un 6% más que aquellos sin estudios, mientras que los que terminan la enseñanza primaria y aprenden a leer ganan un 38% más que aquellos que no asisten a la escuela (Wodon y otros, de próxima publicación).


La pobreza de aprendizajes llega hoy al 53 % en los países de ingreso bajo y mediano. Esto significa que más de la mitad de los niños de 10 años en el mundo no pueden leer y comprender un texto sencillo. Para ayudar a avanzar a estos niños que no saben leer y comprender, como Monde, se necesita una acción concertada y radical. De no ser así, la promesa de la educación será una mera fantasía.


¿Qué deben hacer los Gobiernos para lograr la alfabetización de todos los niños?


En octubre pasado, el Banco Mundial dio a conocer una nueva meta educativa: reducir la tasa mundial de pobreza de aprendizajes al menos a la mitad para 2030.


Un paso fundamental es reorientar el sistema educativo para que se enfoque en el aprendizaje. Cada decisión tomada por los padres, maestros, directores, funcionarios de distritos y municipalidades, e incluso los ministros, debe responder a la misma pregunta: ¿cómo contribuye esto al aprendizaje de los estudiantes? Los intereses personales, las rentas, la política no pueden ser más importantes que este objetivo. Debemos asegurarnos de que toda nuestra energía y capacidad se dedique a ayudar a los niños a “aprender”, no solo a ir a la escuela. En muchos casos esto exige diversas reformas y políticas sistémicas. Nuestro nuevo enfoque para trabajar con los países en el sector de la educación implica reformas para fortalecer los sistemas educativos de modo que: 1) los niños estén preparados y motivados para aprender; 2) los maestros en todos los niveles sean eficaces y valorados; 3) las aulas estén equipadas para el aprendizaje, con un uso inteligente de la tecnología; 4) las escuelas sean espacios seguros e inclusivos; y 5) los sistemas educativos y las escuelas estén bien administrados.


Estas reformas para fortalecer los sistemas educativos son esenciales para garantizar mejoras amplias y sostenidas en materia de calidad educativa. En muchos países, una reforma necesaria requiere asegurar que las trayectorias profesionales de los docentes incluyan procesos de selección y promoción basados en mérito y oportunidades de desarrollo profesional importantes que comiencen con la preparación de los maestros antes de ingresar a la docencia y que continúen a lo largo de sus carreras. Pero podrían pasar unos años antes de que los impactos de reformas como esta cambien la experiencia de los niños en el aula. Hay medidas que se deben adoptar hoy para transformar la experiencia de un niño hoy mismo. Millones de chicos están, o deberían estar, en la escuela hoy y no pueden esperar. En nuestro último informe se detalla un "paquete de políticas para promover el desarrollo de lectura con comprensión" con intervenciones que han logrado acelerar los avances en materia de lectura y calidad de la educación en general en períodos de tiempo relativamente cortos. El paquete tiene cuatro componentes:


Asegurar el compromiso político y técnico con objetivos, medios y medidas claras para la lectura con comprensión, basados en planes adecuadamente financiados: Los sistemas que funcionan bien tienen objetivos nacionales, relacionan las intervenciones con esos objetivos y miden regularmente el aprendizaje de los estudiantes y los avances del sistema. Esto requiere un compromiso nacional real con el aprendizaje en términos financieros, políticos e institucionales.

Garantizar una enseñanza eficaz para la alfabetización: Los maestros deben contar con apoyo y herramientas para a mejorar sus interacciones con los estudiantes. La capacitación debe ser específica y práctica. Debe centrarse no solo en qué enseñar, sino también en cómo enseñarlo. Y el entrenamiento debe ajustarse a los niveles de rendimiento de los niños, que a menudo son muy diferentes. Las guías pedagógicas con plan de clase detallados (que pueden ser utilizados de manera voluntaria por los maestros que los consideren útiles) y la capacitación que proporciona retroalimentación individualizada a los docentes han resultado en mejoras significativas en los niveles de aprendizaje. La tecnología puede ser un aliado fundamental para brindar este apoyo a los maestros a gran escala. La entrega de planes de clases y el entrenamiento para usarlos (PDF, en inglés) en 13 países de ingreso bajo y mediano condujeron a beneficios significativos en los resultados de aprendizaje, que se comparan con medio año adicional de instrucción. Se pueden encontrar ejemplos de programas de mentoría que mejoran las prácticas docentes y las notas de los estudiantes en países tan diversos como Sudáfrica, Liberia y Estados Unidos. (PDF, en inglés)


Asegurar el acceso oportuno a más y mejores textos (apropiados para la edad y las habilidades de los estudiantes): Para lograr fluidez, los estudiantes deben estar expuestos a textos con contenidos apropiados para su edad. Las intervenciones deben centrarse en poner en las manos de cada estudiante al menos un texto de alta calidad e idealmente brindarles a los chicos opciones para leer que se ajusten a sus niveles de competencia. Los libros son especialmente eficaces si están en el idioma que el niño habla en casa. Además, los chicos también deben tener un tiempo durante la clase para practicar la lectura.


Idealmente, los niños deben aprender a leer primero en el idioma que hablan y entienden: Los estudiantes a los que se les enseña a leer en un idioma que no hablan en casa, tienen mayores dificultades para aprender. Las intervenciones en este caso se centran en diseñar políticas sólidas de lenguaje que, por ejemplo, comiencen en el idioma que los niños entienden mejor y hagan una transición adecuada hacia la instrucción en un único idioma nacional. Entre otros casos, esto fue lo que se hizo en el Proyecto de Lectura de Gambia: a los niños se les enseñó primero en su idioma materno, y esto les proporcionó una base para luego aprender inglés mejor. Ellos lograron leer con mayor facilidad en inglés en comparación con los niños que recibieron instrucción solo en inglés. Además, un estudio de la UNESCO en 22 países en desarrollo y 160 grupos de idiomas mostró que los niños que reciben instrucción en su lengua materna tenían más probabilidades de matricularse en la escuela. Por el contrario, el hecho de no recibir instrucción en su idioma materno es una razón importante relacionada a abandonar los estudios en el colegio.


Estos componentes variarán según las condiciones del país (PDF, en inglés): la capacidad institucional, la complejidad del idioma, la disponibilidad de textos y libros, etc. Por ejemplo, en entornos frágiles afectados por conflictos y violencia, el uso de la tecnología a través de aulas virtuales y aplicaciones móviles puede ayudar a tener programas para enseñar a leer incluso cuando hay escasez de maestros.


En los países donde la pobreza de aprendizajes es muy alta, se debe dedicar más tiempo a la instrucción centrada en la lectura. A medida que los estudiantes dominen las habilidades básicas de lectura, el tiempo de instrucción gradualmente incluirá otras materias.


Estas políticas deben ir acompañadas de reformas más amplias para que los países puedan aprovechar y mantener sus avances en la lectura y otras áreas, y alcanzar niveles más altos de educación.


Poner fin a la pobreza de aprendizajes no es una tarea fácil, pero los Gobiernos y la comunidad internacional se lo deben a Monde y a millones de niños de todo el mundo. Sus sueños de un futuro mejor dependen de ello.


Autor:


Jaime Saavedra

Director Senior de la Práctica Global de Educación del Banco Mundial





Fuente Banco Mundial

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