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A los diez años de la marea negra, BP enfrenta nuevas amenazas existenciales


Diez años después de la marea negra en el golfo de México que, en palabras de su nuevo director general, "sacudió los cimientos" de BP, el gigante petrolero británico afronta dos amenazas existenciales: el derrumbe de los precios y el cambio climático.

"Hemos aprendido duras lecciones que no olvidaremos", dijo el nuevo número uno del grupo, Bernard Looney en febrero, cuando se comprometió a lograr que la empresa alcance la neutralidad de carbono en 2050.


"Especialmente cuando entramos en una nueva década en la que el nuevo desafío de BP es el mismo que el del resto del mundo: el cambio climático", subrayó.


Competidores como la anglo-holandesa Royal Dutch Shell y la española Repsol siguieron el ejemplo, pero no los grupos americanos, ni otras grandes petroleras como la francesa Total.


Esta semana se cumplen diez años de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon de BP en el golfo de México, que causó el peor derrame de petróleo en la historia de Estados Unidos, mató a once empleados y ha costado al grupo británico más de 70.000 millones de dólares.


Una década después, BP afirma que se ha reformado para centrarse en operaciones seguras o en la prevención de daños ambientales, con, por ejemplo, un programa para detectar fugas de metano.


No obstante, el último informe de sostenibilidad del grupo revela un "aumento en el número total de fugas de petróleo el año pasado de 124 en 2018 a 152 en 2019".


Complicada transición energética


La década de 2020 se abre con creciente presión sobre las grandes petroleras para que reduzcan sus emisiones de CO2, entre las protestas de activistas y algunos inversores.


Y ahora con la situación sin precedentes de una pandemia que ha paralizado la economía mundial, provocando un colapso de la demanda y con ella de los precios del crudo.


Esta caída de precios está complicando la transición energética de las grandes empresas porque un barril tan barato hace que la energía verde sea comparativamente mucho menos atractiva.


Por otra parte, la perspectiva de barriles sin comprador o que se venden a pérdida podría desalentar nuevas inversiones en perforación y exploración.


BP dedica casi la totalidad de sus 15.000 millones de dólares de inversión anual a los hidrocarburos, a pesar de que ha tomado participaciones en empresas de paneles solares y de recarga de vehículos eléctricos por un total de 400 millones de dólares.


"Es una pequeña cantidad de dinero", dice Bobby Banerjee, profesor de administración de la City of London University.


"Su modelo no ha cambiado.


Invierten principalmente en petróleo y gas" porque están "convencidos de que seguirá habiendo demanda de petróleo" dentro de 50 a 70 años, afirma.


Para BP, la transición energética es esencialmente una transición del petróleo al gas, que sigue siendo un hidrocarburo contaminante, aunque en menor grado que el carbón o el petróleo, señala el experto.


"No tienen los mismos rendimientos con las energías renovables que con los hidrocarburos".



Cambiar de modelo


Russ Mould, analista de la correduría AJ Bell, asegura que tras el accidente de Deepwater BP se deshizo de muchos activos y apostó por los bajos precios del petróleo a largo plazo, reduciendo su estructura de costes en consecuencia, lo que dio a la empresa mayor resistencia.

Sin embargo, el grupo está muy endeudado, unos 45.000 millones de dólares de deuda a finales de 2019 pese a su programa de desinversión, lo que lo debilita en un contexto de bajos ingresos.


Looney se enfrenta a un dilema: tiene que descarbonizar su grupo, al tiempo que protege la rentabilidad y el precio de las acciones, que cayeron casi 40% desde principios de año, como las de sus rivales.


Ha prometido dar más detalles en septiembre sobre cómo pretende lograr la neutralidad de carbono, pero se prevé que sea centrándose en el gas, las tecnologías de captura de CO2 y las energías renovables.


BP también podría verse tentada de utilizar el tan criticado mecanismo de compensación de carbono, que consiste en financiar proyectos ecológicos para equilibrar las emisiones.


Sin embargo, según la oenegé Greenpeace la industria petrolera no tiene muchas opciones. "Tendrán que dar la espalda a su modelo actual o detener su actividad", afirma.


Y concluye: "la caída del mercado del petróleo es el equivalente a un ensayo general de la transición (energética) que se avecina".


Fuente: AFP

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